Género:
- Cuento
Enlace al taller:

Martín llevaba tiempo diciendo que me visitaría a su paso por la ciudad y, una tarde de otoño, con las últimas luces, sentí su inconfundible carraspeo en el descansillo de la escalera. Antes de que llamara, le abrí la puerta de par en par. Abrió los ojos como un búho. Al verlo, me costó reaccionar unos segundos: estaba muy demacrado y había adelgazado muchísimo.
Me aparté a un lado para dejarlo entrar. Avanzó hasta el salón y se desmoronó sobre la primera silla con la que se tropezó. Me senté frente a él en el sillón. Levantó la cabeza y sostuvo la mirada un momento antes de hablar.
—No sé qué me está pasando, Paco.
—¿Qué te ocurre?
Extendió los dos brazos con las palmas hacia arriba. Entonces, vi las marcas, como de una punción, y unos cardenales amarillentos.
—¿Y eso?
Se encogió de hombros.
—Despierto así cada mañana y con menos fuerzas que el día anterior.
—¿Y Berta? ¿Qué dice?
—Ya sabes cómo es. —Su voz se crispó—. Me dice que exagero, que tiendo a somatizar mis problemas. Vamos, que me tilda de hipocondríaco.
—¿Trabajas mucho?
—Acabé el encargo de Melero y, mientras sale otra cosa, estoy con uno de los retratos de Berta. Te envié el boceto ¿Recuerdas?
—¿El que Berta insistía en que el fondo fuera grana?
—Sí, ese.
Miré a mi amigo. ¡Parecía tan cansado!
Antes de ir a trabajar, dejé a Martín en la estación con la promesa de que al mes siguiente, pasaría un fin de semana con ellos. Me miró con gratitud.
Berta se esforzó por sonreír al recibirme. A Martín lo hallé hundido en un sillón con los ojos entornados. Al verme, una chispa fugaz prendió en ellos. Carraspeó.
—¿Cómo te encuentras?
—Ha estado trabajando en mi retrato después de comer —contestó Berta rápidamente—. Mañana lo acaba. Solo es cansancio, solo eso.
—¿Habéis ido al médico?
—Sí, claro. Nos dijo que tenía un poco de anemia. Nada más —se adelantó de nuevo ella.
Hablamos de asuntos triviales durante la cena y nos acostamos temprano.
A medianoche, me desperté inquieto y me dirigí a la cocina a por un vaso de agua. Al pasar junto a la habitación del matrimonio, noté cierto movimiento en su interior. Me asomé con sigilo. Observé que Berta extraía sangre del brazo derecho de Martín; el brazo izquierdo lo tenía conectado a un gotero. Mi amigo no se movía. Ella se giró y me vio.
—Déjame pasar. No es lo que tú crees.
—¿A qué estás jugando, Berta?
—No es ningún juego. Ven conmigo.
Nos dirigimos al estudio de Martín. Vació la sangre de los tubos en un matraz, añadió óleo, aceite y otros líquidos hasta conseguir una suerte de almizcle que dejó reposar.
—¿Me vas a contar de qué va todo esto?
—Se está muriendo. —La voz se le quebró—. El doctor Salgado, que es amigo nuestro y conoce bien la tendencia de Martín a la depresión, habló conmigo y ambos convinimos en que lo mejor era no decirle nada mientras pudiéramos evitarlo. Desde hace un par de semanas siente dolores repentinos muy fuertes, así que, por las noches, le administro calmantes para que descanse. La enfermedad está muy avanzada.
—Pe… pero y ¿esos tubos?
—Ah, sí,… la sangre de Martín —suspiró—. Cuando hablé con Salgado me hundí. Pensé en nosotros, en la ausencia de hijos, en la soledad que me aguardaba. Por mi cabeza cruzaron las ideas más disparatadas. Una de ellas se abrió camino con más empuje que las demás. Insté a Martín para que me pintara otro retrato. Si iba a morir, quería que parte de él siguiera conmigo.
Destapó el retrato. La piel clara de Berta contrastaba con el rojo oscuro. Solo quedaba un pequeño recuadro por pintar. Enmudecí. Ella me miró sin brillo en los ojos y las mejillas encendidas. Sentí como una mordida en el estómago. La atraje hacia mí y lloramos en silencio.
Martín terminó el retrato a la mañana siguiente y a los tres días murió. En el estudio, Berta, encontró una nota:
“A Berta, a quien le di hasta la última gota de mi sangre”.

Comentarios
La anécdota de este texto es
La anécdota de este texto es que lo comencé partiendo de dos frases que me proporcionó Óscar. Una vez que tuve escrito el primer párrafo, esas mismas dos frases me impedían continuar. En cuanto las eliminé, pude desarrollar la historia.
Geli
Muy bueno, Geli.
Muy bueno, Geli.
Después del parón inicial veo que lo has resuelto genial.
¡Hala! Al taller...
Miguel
Me alegra que las frases te
Me alegra que las frases te sirvieran de disparador. A veces se vuelven molestas luego del chispazo inicial, entonces quitarlas es lo mejor.
Ya nos veremos en el taller.
Saludos
Gracias a los dos por la
Gracias a los dos por la lectura.
Geli
Lo he vuelto a leer.
Lo he vuelto a leer. Extraordinario. Es cierto, a veces hay una frase que nos hace pensar en un relato la tratamos de meter como sea y nos da problemas. ¡Cuesta tanto cortar y eliminar!. Saludos
DavidRubio
Pues verás, David, a mí me
Pues verás, David, a mí me cuesta tener la historia ensamblada, pero disfruto con los cortes y las correcciones. Es un proceso que me gusta mucho. Sobre todo disfruto, cuando el maestro, "que todo lo ve", me hace una observación. Es entonces, cuando me pongo a pensar en otras posibilidades y aprendo. Me doy cuenta de que poco a poco voy adquiriendo técnicas y trucos del oficio.
La verdad es que es un lujo contar con Óscar entre nosotros y también con Miguel "Ojos de halcón".
Geli
He hecho la mayoría de las
He hecho la mayoría de las correcciones dictadas por Óscar. Me falta resolver la escena de la habitación.
Geli
Escena de la habitación
Escena de la habitación revisada. ¡Hala!
Geli
Ahora es otra cosa.
Ahora es otra cosa.
Creo que ha quedado muy bien.
Pasemos al próximo cuento...
Gracias, Óscar. He aprendido
Gracias, Óscar. He aprendido y he disfrutado muchísimo este ejercicio de corrección.
Ahora ya puedo empezar a pergeñar otra historia. Normalmente, no me sale hasta que he revisado y corregido la última que haya escrito. No me gusta empezar algo nuevo con la sensación de haber dejado inacabado el trabajo anterior. Aunque, claro, a veces también me pasa que salto de una historia a otra. Pero no es lo habitual.
¿Y Ud. a qué espera? Ya tengo ganas de corregirle
.
Geli
Estaba trabajando en un
Estaba trabajando en un escaneo (acabo de terminarlo) y, como tengo que devolver el libro, me concentré en ello. Ya escribiré algo (y un nuevo desafío, si se me ocurre uno interesante).
Muy buen texto y bien
Muy buen texto y bien llevadas las correcciones, genial.
Pernando Gaztelu