—¡Destrípame! —dijo el texto sin miramiento.
A simple vista, todo estaba en orden; las tildes...
Corrígeme aunque no me equivoque
—¡Destrípame! —dijo el texto sin miramiento.
A simple vista, todo estaba en orden; las tildes...
La muchacha estacionó su destartalado coche frente al caserón de los Medina y aguardó, con calma, hasta que oscureció. A través de la ventanilla polvorienta, observó...
Suavemente acompasada, rebosando amor
mi pluma se desliza por el papel
como mis dedos sobre tu piel.
Embriagado con aromas de pasión
escribo...
Su esposo en el suelo, cubierto de sangre y sin signos vitales. Una bolsa negra, su cuerpo adentro junto al arma con el que fue asesinado. Ella toma la bolsa y la arroja al abismo. Todo pasa tan...
Me encuentro en mi habitación, a punto de dormir después de un largo día de trabajo. Mis ojos van cerrándose y en la oscuridad de mis párpados aparece él. Es un hombre joven, alto, de una tez...
Enjuto, alto y calvo, con un amable rostro, su piel está más que tostada por el sol mediterráneo. Sigue vistiendo a la vieja costumbre de la huerta, con blusón, faja y...
Mientras tanto, imaginé, ya habría amigos esperándome en el andén. Seguro que habrían organizado una especie de comité de bienvenida.
...
Cuentan los anales de un pequeño pueblo andaluz, cuyo nombre prefiero silenciar, un curioso y extraño suceso. Coincidiendo con la llegada de un apuesto y guapo médico...
Como todos los años, el doctor Gallimard accedió a concurrir al refrigerio que ofrecían las Damas de Ferrat.
Era un grupo de señoras...
Un día, Pepito estaba sentado en el césped- bajo un árbol-. Le encantaba escuchar el sonido de las hojas- en su baile con el viento-. Los juegos de luces, entre el sol y las hojas. Disfrutaba con...
El cuchillo se mueve ágil y preciso en manos de Tania. Mientras comienza a cortar las verduras, un familiar sonido desde su portátil, colocado sobre un lateral de la...
Sobre la alfombra, a los pies regordetes de Coty, caía una gota. Lo interesante no era ver cada esferita flotando ahí, a la altura de sus ojos, ni el charco gelatinoso...