Enlace al enunciado:
Enlace al taller:
Siempre que llegaba del cole, Manolo, el zapatero, me recibía con su sonrisa.
Tenía su humilde taller en el patio del corralón de vecinos donde vivíamos.
Ese maremágnum de puntillas, clavos y colas que ordenaba, a su manera, en las estanterías y que rodeaban el pequeño cobertizo, despertaban mi imaginación maquinando sobre cuántas cosas se podrían hacer con ellos.
Consideraba toda una ciencia el arte de arreglar zapatos, tan pura, tan sofisticada, tan precisa que, estimaba, no existía nada más importante sino la ejecución de aquel extraño y digno oficio.
Me sentaba en un banquito de madera junto al maestro y, sin pensar siquiera en quitarme el baby azul del colegio o subir por la exquisita merienda -chocolate con pan, de los de entonces- que mi madre pregonaba a voces, quedaba supeditado a la observación del hermoso ritual del zapatero remendón.
Un hilillo de sudor se deslizaba por la frente de Manolo mientras sus ojos, cansados, observaban minuciosamente cada centímetro de piel del calzado. Era esto síntoma de que su faena se realizaba con toda perfección.
Después venían los golpecitos con el pequeño martillo, toc, toc, toc, precisos, concisos, directos, cada uno en su justo lugar, ni un milímetro más, ni un milímetro menos y, al igual que un Fidias griego, Manolo daba forma, consistencia y belleza a un calzado que, momentos antes era una triste imagen de sí mismo. Y es que nadie como él sabía resucitar las formas de algo tan íntimo, tan personal como un zapato.
Su mente podía desdoblarse sin problema alguno; si por un lado se concentraba en la faena, por otro, con su voz ronca, me preguntaba todas las tablas de multiplicar y yo se las recitaba con precisión matemática por temor a perder mi trono, como castigo, si no demostraba mis avances en el colegio.
La vida siguió su curso, Manolo hoy no está, ni su taller, ni el corralón pero, ¿acaso no siguen existiendo las cosas mientras las retengamos en la memoria?

Comentarios
Manu, tu recuerdo es de una
Manu, tu recuerdo es de una inmensa ternura.
Un abrazo.
Geli
Muchas gracias, Geli.
Muchas gracias, Geli. Disculpa la tardanza en escribir otros relatos.
No hay nada de lo que
No hay nada de lo que disculparse. Sé que estás ahí, al otro lado, y que cuando puedes, vienes. Siempre eres y serás bienvenido. Como puedes ver, nuestro querido maestro está colgando cosas muy interesantes y Miguel no deja de perfeccionar la web para cubrir todas nuestras necesidades. Borradores está creciendo en calidad.
Un abrazo.
Geli
Coincido con Geli. Este
Coincido con Geli. Este relato viene impregnado de ternura y de añoranza. Muy bueno, Manu.
Muy bueno, Manu.
A mí nunca me dice esto.
Geli
Gracias,maestro, ya voy
Gracias,maestro, ya voy calentando motores, jejeje.